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Sequia De Gas/D´en Gash en El Cabanyal noviembre 5, 2008

Posted by borjacoqui in Biografía.
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“La pequeña Roseta, cargada con un cántaro casi tan grande como ella, iba vaso en mano por la playa de los baños, agitando su maraña de rubios pelos y gritando con voz débil: “Al aigua fresque­ta!”, sacada de la fuente del Gas” (Blasco Ibáñez, en Flor de Mayo).

La acequia más famosa del Marítimo es (era) la de Gas, que divide el Cabanyal del Canyamelar. Es uno de los últimos ramales de la acequia de Mestalla y hoy constituye el alcantarillado de la Avenida del Mediterráneo. Esta acequia no llevaba agua exclusivamente de la acequia de Mestalla, sino que tenía su propio caudal. Tanto en la actual plaza del Mercado del Cabanyal como en la Avenida del Mediterráneo, había fuentes abundantes y con agua de muy buena calidad. Hay indicios de que, en los primeros siglos, fondeaban algunos barcos muy cerca de su desembocadura, para aprovechar el agua. Y en el XIX la acequia tuvo gran importancia, constituyendo sus riberas una arteria muy concurrida, al lado de las cuales se edificaron viviendas de más calidad, que coexistían con pequeñas viviendas o con sencillas barracas.

Se conserva una preciosa fotografía del siglo pasado, en la que puede contemplarse a las cabanyaleras haciendo su colada en la acequia. Desde luego, era un espectáculo pintoresco. Aunque no opinaban así -a juzgar por las quejas- los desprevenidos viandan­tes que caían al suelo, al resbalar por las enjabonadas y relucientes piedras de los puentes. Respecto al nombre, popularmente se le viene dando el de acequia de Gas. Pero hay una corriente de opinión se inclina por llamarla d’En Gasch. De momento, no creo que podamos inclinarnos rotundamente a favor de uno de los dos términos. Pero puede resultar útil anticipar que, según el diccionario de Coromines, este término fue inventado por el químico flamenco J.B. van Helmont (†1644), haciéndolo derivar del neerlandés geest ‘espíritu’, pues Helmont calificaba también el gas de spiritus silvestris. La terminación parece debida al influjo del término blas, o soplo. Y que cuando en 1844 se inaugura la iluminación con fanales de gas en la Glorieta, era todo un espectáculo ir a contemplarla. Hasta que se popularizó esta sencilla cancioncilla: no te compongas/porque no irás/a la Glorieta/a ver el gas. 1.- OPINION INICIAL A FAVOR DEL TÉRMINO GAS. No hay datos que permitan identificar el nombre de la acequia con este elemento químico. Más bien hay que buscarlo en los numerosos apellidos Gas que se encuentran en la zona. Efectivamente, en el mapa que se elabora a raíz del incendio de las barracas del Cabanyal en 1796, con la intención de reordenar toda la zona, hay una barraca llamada de Gas y a la fuente que vertía a esa acequia, cerca del mercado del Cabanyal, también se la llamaba de Gas. En multitud de documentos del siglo XIX se insiste en llamar a esa acequia como la de Gas, y es esa denominación la que usa Blasco Ibáñez en toda su obra. No consta ningún documento oficial que la nombre como la d’En Gasch. Lo cierto es que en mis modestas y provisionales investigaciones he constatado que en las Actas y planos y en el conjunto de toda la documentación del Ayuntamiento de Pueblo Nuevo del Mar durante el siglo XIX siempre se habla de Gas, con o sin acento. Nunca se habla d‘En Gasch. En los protocolos notariales se habla de construcción de barracas junto a la acequia del Gas. Por ejemplo, en 1791 ya se hablaba de una barraca junto a otras de Josepha Bru y Pasqual Danza, junto a la Azequia de Gas, teniendo por espaldas el mar, playa de por medio. Y en 1830 se dice que la barraca que servía de matadero en la calle Carmen lindaba “por un lado con la barraca de Bautista Cister, por otro la acequia de Gas”. Y éstas son las descripciones de Blasco Ibáñez en Flor de Mayo: “A la orilla de la acequia del Gas, las mujeres, puestas de rodillas y moviendo sus inquietas posaderas, lavaban la ropa o fregaban los platos”. “La tripulación (de las barcas del bou), cansada del líquido recalentado de los toneles (estaba) deseosa del agua fresca de la Fònt del Gas”. “El trozo de playa entre la acequia del Gas y el puerto, olvidado en el resto del año, presentaba (en el verano) la animación de un campamento”. Este ligero recorrido por textos antiguos encuentra una confirmación más sólida viendo el plano hecho a raíz del incendio del Cabanyal de 1796, donde hay una lista de los habitantes de las barracas. Entre ellos, un tal Felipe Gas y la fuente de Gas. Tanto Ximo Díez como el viejo capitán José Huertas, especifican que ya se tienen noticias de la familia Gas en 1855, que poseían barcos y que en una tienda propia vendían lo que transportaban en ellos. 2.- OPINIONES A FAVOR DE LA DENOMINACIÓN D’EN GASCH. Esta documentación y el uso popular del término no basta a algunos otros estudiosos. Entre los autores que he podido leer, el más antiguo y más prestigioso es José Rodrigo Pertegás, que en su Ensayo sobre topografía preurbana de Valencia, publicado en  1922, habla de las fuentes y acequias utilizadas para los usos domésticos y agrícolas. Entre otras de Carpesa, Benimaclet o Borbotó, nombra a las de “En Gasch y Pixavaques, en El Cabañal y Cap de Fransa”. Después de él, Martínez Aloy le llama siempre acequia de Gas, aun “reconociendo” que su nombre era el d’En Gasch (¡), según propugnaba un erudito de su época, Francis­co Almarche, que debió expresarse así en alguna conversa­ción privada, pues no he podido encontrar ningún escrito suyo que lo corrobore. Siguiendo la estela de estos autores, Luis Minguet Albors, en su manuscrito conservado en la Biblioteca de San Miguel de los Reyes, hace una ligera descripción de las fuentes de Valencia y, parece que siguiendo a Rodrigo Pertegás, dice que “entre las fuentes celebradas de los alrededores se encuentra la de en gasch, en los alrededores de las poblaciones marítimas”. Es lo mismo que dice Sanchis Guarner comentando una foto del siglo pasado, tomada desde la esquina de la actual Avenida Mediterráneo con la calle Progreso: “Vet ací la séquia d’En Gasch que servia per a escurar els plats i rentar la roba”. . Recientemente, otros varios autores se inclinan por la denominación d’En Gasch. Por ejemplo, Carles Ibors Sanchis, en el libro de VV.AA., Història de la ciudad, II. Territorio, sociedad y patrimonio. Una visión arquitectónica, dice que “el sector comprendido entre los poblados marítimos, el río Turia y la Ermita de Vera dividía la acequia de Mestalla en dos canales subdivididos en diversos brazales. Estas dos unidades de riego abastecían el citado espacio y buena parte de sus derivaciones confluían junto a la restinga, desembocando por varias salidas descubiertas hacia el mar, como hacía hasta mediados del siglo XX la séquia d’en Gasc, mal llamada del Gas”. Francesc Cardells, en su tesis inédita La cultura material baixmedieval a l’àmbit rural de l’Horta de València, insiste en la denominación d’En Gasch. Ahora bien, ni Sanchis Ibor ni Cardells avalan documentalmente en ningún momento la validez de esa denominación, como tampoco lo hacían Rodrigo Pertegás o Sanchis Guarner.. 3.- A LA BÚSQUEDA DE UNA SOLUCIÓN Aunque los documentos manejados indican que deberíamos inclinarnos por la denominación de Gas, una duda razonable flota en el aire, pues algún motivo deben de tener autores de reconocido prestigio para mantener la denominación de’En Gasch. Quizá no sea suficiente la falta de “pruebas” positivas a favor de la denominación d’En Gasch para concluir que el nombre que corresponde a la acequia es el de Gas. El caso es que no me quedo tranquilo llamándola simplemente del Gas. Así pues, mientras esperamos que alguien encuentre un documento verídico y no una mera opinión que apoye fuera de toda duda la denominación d’En Gasch y nos saque definitivamente de dudas, dejemos abierta esa puerta, que Ignasi Mangue insiste en atravesar. Y, aunque no demuestra nada, aduce una pista argumentando que el apellido Gas proviene claramente del apellido Gasch, muy extendido con anterioridad al siglo XIX. Efectivamente, en el diccionario de Alcover, Moll y Sanchis Guarner se dice que Gas es un “llinatge existent a Rialb, Barcelona, La Galera, Xerta, Santa Bárbara, Tortosa, Castelló, Alcora, València, Benifaió, Alacant, etc”. Pero también añade que es una “sèquia de l’Horta de València, que abans s’anomenava sèquia d’En Gasc. Y explica que Gas es probablemente una reducción del apellido Gasc. ¿Puede ser éste un camino que conviene recorrer en busca de la claridad? En este sentido, he encontrado un documento del ARV que, curiosamente, se bandea entre las dos denominaciones (ARV, Bailia, E, 2376, año 1807). El hecho es que en 1807 María Luisa Ortíz posee una casa-alquería en el Canyamelar, que tiene a un lado la barraca de Josefa Gas, viuda de Blas Roca, y, por otro, la acequia del mismo nombre. Maria Luisa denuncia a Josefa porque ésta ha abierto una nueva puerta en su barraca, invadiendo así el rellano de su alquería. Pero en el aspecto que ahora nos interesa, digamos que a Josefa se la apellida Gas en dos ocasiones, igual que a la inmediata “fuente nombrada de Gas”. Sin embargo, cuando se explicitan los límites de la alquería, se dice que uno de ellos es la barraca de Josefa Gasc y el otro la acequia. Lo más significativo del caso es que al escribir Gas en el texto se hace con toda naturalidad, empleando el mismo tipo de letra que en el resto, pero se advierte con toda claridad que al emplear el vocablo Gasc se hace como una corrección sobre el texto, como si alguien hubiera pretendido aclarar los conceptos, empleando para ello una grafía e incluso una tinta diferente. ¿Puede suponer una reivindicación del apellido auténtico frente al simplificado? Mi deseo es que esta minúscula y dubitativa aportación a nuestra topografía resulte de utilidad, aunque más que respuestas aporte dudas momentáneas. Pero además plantea una advertencia: para hacer afirmaciones históricas no podemos aceptar acríticamente afirmaciones anteriores que se convierten en tópicos vacíos y sobados. También deja en el aire alguna cuestión pendiente: por lamentable que pueda parecer, todavía no podemos afirmar que sepamos el significado de las palabras Canyamelar y Cap de França. Creo que profundizar en estos temas, así como en otros de más calibre, es una obligación de todos los que aman a su pueblo. Intentaré escribir algo sobre ello. Antonio Sanchis Pallarés, Valencia, 28 de enero de 2005

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El nombre de Canyamelar noviembre 5, 2008

Posted by borjacoqui in Biografía.
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El Canyamelar, la parcela del antiguo Poble Nou de la Mar más cercana al Grau, entre el Riuet y la acequia de Gas (o d’En Gasch) no tiene un nombre de origen demasiado claro. En realidad, la pregunta de por qué esa fracción de territorio recibe ese nombre todavía no tiene respuesta.

La respuesta más tradicional afirma que el nombre proviene de la caña de azúcar o canyamel, siguiendo la explicación que daba el cronista Vicente Boix en su Valencia histórica y topográfica de 1862 y que se ha venido repitiendo mecánicamente hasta nuestros días: “Los almorávides abrieron numerosas almunias derramando por todas partes muchos cármenes (en Granada, “quinta” con huerto o jardín) y chozas, dedicándose en especial al cultivo de la caña de azúcar cerca del mar, y en el terreno que conserva en lemosín el recuerdo de este grato producto: Cañamelar”.

Ahora bien, creo que a esta afirmación le falta solidez. De todos modos voy a partir de ella con espíritu crítico, intentando descubrir qué hay en ella de cierto, de falso o de dudoso.

La primera duda o el primer desconcierto proviene de que, hasta nuestros días, en esta zona costera no se ha encontrado ningún resto de esa plantación: ni referencias documentales, ni asentamiento humano, ni restos vegetales significativos, ni medios para su elaboración, almacenamiento o distribución, siendo así que el cultivo del azúcar requería una infraestructura considerable: molinos, alfarería, mucha mano de obra, etc. ¿Cómo pudo estar considerada por los árabes como un canyamelar y pasar quinientos años sin reconocerlo con tal nombre? Porque no he visto constatado el nombre del Canyamelar en nuestra toponimia hasta 1759.

Este desconcierto me llevó en 1997 a elaborar la hipótesis de un origen distinto para ese nombre, porque si no había canyamel sí que había cáñamo. Por tanto, el nombre podía derivar del cáñamo más que de la caña de azúcar. Es lo que expuse en mi libro sobre la Historia del Cabanyal, Poble Nou de la Mar. Efectivamente, hasta hace muy poco había por la zona balsas de curar cáñamo, que se empleaba tanto para fabricar alpargatas como sogas para amarrar los barcos. De todos modos, hay que reconocer que esta hipótesis también presenta algunas fisuras y por eso en este artículo vuelvo a insistir y profundizar en la hipótesis del azúcar.

Hay que admitir la genérica afirmación de Boix según la cual la introducción del azúcar en España se debe a los árabes, puesto que antes de ellos no había ningún rastro de su cultivo. Cuando Estrabón, por ejemplo, habla de los productos con los que España comerciaba con Roma, no nombra el azúcar ni el arroz. Pero iremos viendo que eso no significa que se cultivara en nuestro Canyamelar, como iremos viendo.

No es de extrañar que antes de los árabes el azúcar no se cultivara en España y concretamente en Valencia, pues exigía unas condiciones climatológicas muy propicias, según ha estudiado Antonio López Gómez. Se requieren unos regímenes de lluvias que no se dan en Valencia, una temperatura media de 20 grados y una ausencia de heladas. Por nuestros alrededores la zona que más se acerca a ese ideal es La Safor. Pérez Vidal afirma que Gandía es propicia al cultivo de la caña de azúcar al estar resguardada por un arco montañoso que crea una especie de hoya térmica abierta sólo al mar, que es el regularizador principal del estado atmosférico. Incluso parece que el nombre de la Safor se refiere al nombre árabe.- Azafor, ‘las rocas’- que tuvo bajo los musulmanes.

Es más: parece ser que se introdujo entre los siglos IX-XI, de ocupación árabe, siglos en los que precisamente se produjo un “pequeño óptimo climático”. Situación climática que casi volvió a reproducirse desde 1300 hasta 1550.

Sobre la base de una mínima población previa se consolida un asentamiento nacido con una clara intención de controlar el territorio. Población previa que ya contaría con algún tipo de edificación estable. El Llibre del Repartiment nos da la pista precisa. En él se menciona quince veces la Vilanova del Grau haciendo alusión a concesión de tierras. Y concretamente el 25 de abril de 1239 el rey otorgó a un tal Amet Alcuileri, musulmán, “domos quas habebat in Vilanova”. Es decir, que el rey otorga a un musulmán una casa de obra sólida construida antes de la repoblación cristiana.

Diez años más tarde contamos con un documento que, aunque no sea estrictamente el acta fundacional del Grau, sí que señala su consolidación como núcleo poblacional preexistente, al que Jaime I quiere regularizar y controlar. Nos referimos al 27 de mayo de 1249, año del Privilegio real por el que Jaime I se dirige a los que ya tenían alguna clase de terrenos en el Grau, concediéndoles algunas ventajas para edificar casas de obra sólida. Se trata de que entre 1238 y 1249 Jaime I había empezado a edificar un muro en la Vila Nova, aprovechando tierra y piedras de un solar cercano, utilizándolo como una cantera. Pues bien, el rey concede a los que deseen edificar (por poseer ya solares) barracas, es decir, chamizos provisionales, o determinados lugares donde puedan hacerlo, que para ello aprovechen los materiales de ese solar/cantera del que él mismo se está valiendo para edificar el muro.

Estas consideraciones, que tienen su apoyo en consideraciones geográficas, encuentran su primera base documental en 1286, cuando Jaime I dispone que las cañas de azúcar (cannamellis zuccariis) no paguen diezmo. Este privilegio significa dos cosas: la intención de favorecer el desarrollo del cultivo y que la cañamiel no daba lugar a una producción considerable, sino que sólo se venía plantando en huertos y jardines para chupar el zumo, actividad más propia de niños o de otros caprichosos. Si el cultivo hubiera tenido importancia, ningún monarca hubiera prescindido de cobrar impuestos por él. Pero este cultivo siguió siendo insignificante y hasta se extinguió en algún momento por heladas y otras causas. Al menos así lo mueve a pensar el hecho de que Jaime II encargue el 21 de diciembre de 1305 a Bartolomé Tallavia que le envíe de Sicilia simiente de caña de azúcar y un esclavo sarraceno maestro en esta planta. Pero sigue sin hablarse de aprovechamiento industrial porque la demanda no era muy grande y se satisfacía con las partidas que llegaban de Egipto y del mediterráneo oriental.

1383: Pero esa vía de suministro se corta cuando a mitad del XIV los turcos obstaculizan el comercio con Oriente, precisamente en un momento en el que la demanda de azúcar, cada vez más empleada en confitería y alimentación, aumenta de año en año. Por eso se apuran las posibilidades de obtener más azúcar en Occidente y en la huerta levantina no debió de costar mucho decidirse a ampliar los pequeños plantíos. Francisco Eximenis en 1383 ya atestigua alguna producción valenciana de azúcar y de otras drogas orientales.

1407: Pero es en 1407 cuando se retoma en serio el cultivo, cuando el consejo de la ciudad, para ennoblecer la ciudad, llamó al mestre sucrer Nicolás Santafé para que implantase la fabricación de azúcar, ya que la huerta era muy apta para el cultivo de la caña. En el documento del Manual de Consells descubierto por Roque Chabás es establece un contrato entre la ciudad y el mestre sucrer por el que, a cambio de una subvención no especificada, éste se comprometía a fijar su domicilio en la ciudad por algunos años y a conseguir el mejor azúcar del mundo.

Efectivamente, Nicolau cumplió su cometido, en el que más tarde le sucedería su hijo. Pero la huerta de Valencia de la que se habla en toda la documentación en ningún momento es la comarca de l’Horta, sino la Safor, con centro en Gandía. Del éxito de este cultivo nos podemos hacer una idea por una reclamación del Cabildo de la Catedral reclamando, ahora sí, el diezmo de la caña de azúcar. Señal indudable de la importancia que había adquirido su cultivo y explotación.

En el proceso de reclamación de este diezmo se aducen algunos datos históricos, que corroboran lo ya dicho: “hasta hace cuarenta ó cincuenta años solo se conocía la caña de azúcar en poca cantidad, pues lo mismo los cristianos que los moros la sembraban ó plantaban en sus huertos y jardines cerrados en pequeña cantidad para chupar los niños y otros que quisieran probarlos: pro pueris el aliis gustare volentibus. Pero desde hace uno, dos, tres, cinco, diez, quince y veinte años los labradores plantan en sus heredades caña de azúcar en grande cantidad y justamente en aquellas tierras, en que antes solían cosechar trigo y otros cereales, ahora por la gracia de Dios se da bien la dicha caña”.

La serie de pruebas testimoniales que se adjuntan al proceso vuelven a llevarnos lejos de l’Horta: se cultivaba en Cullera, en Oliva, en Xeresa y en Gandía, donde la cosecha era la más grande. El mismo Viciana habla del cultivo entre Gandía y Oliva, insistiendo, como tantos otros, en que el mejor sitio de cultivo es la Conca de la Safor. En diversas obras se hace un inventario y descripción de los aparejos necesarios para el cultivo. En Gandía se habla de 550 hombres, 220 acémilas, 40.000 quintales de leña, etc. Las tareas eran varias: descodar (deshilvanar), transportar, cortar, llevar a las piedras a trullar (embadurnar), prensar, poner en moldes, transportar a las cámaras de conservación, aprovechar las melazas (residuo de la cristalización del azúcar), etc.

De todos modos, en 1415 hay una cita del Archivo de la Corona de Aragón descubierta por Salicrú que todavía no está suficientemente comentada y en la que dice, simplemente, que el Bayle de Valencia  en nombre del rey había formado una compañía con Francesc Siurana y otros mercaderes con los que “havien comprat una alqueria i algunes possessions a l’horta de València i a la de Castelló per fer-les-hi plantar i conrear-les”. No podemos afirmar con la lectura de ese texto que se refiriera al poblado marítimo, pero tampoco podemos descartarlo. De todos modos, con esta producción, Valencia ya era, junto con Sicilia, la proveedora habitual de azúcar a Barcelona.

(Aquí podría insertarse el documento de Gutiérrez del Caño que extracto al final)

Esta organización proporciona resultados satisfactorios al menos hasta finales del siglo XVI. El famoso viajero Münzer visita Valencia en 1494 y se admira de ver cómo se cría en sus campos copiosísima caña de azúcar. El patrón de la fábrica de azúcar que visitó, “hombre honrado y digno de crédito”, le dijo que en las regiones de Valencia donde nacía la caña se producían anualmente seis mil cargas, esto es, diez mil centenarios nuremberguenses.

Y en 1510 es el francés Lalaing quien menciona aún el cultivo en un radio de cinco leguas alrededor de Valencia (de nuevo una velada alusión a la comarca de l’Horta) aunque el producto se refinaba en Gandía.

Pero ni siquiera llegados a este punto se nombra surge por ningún lado el nombre del Canyamelar aplicado a esta zona del Cabanyal. Tendremos que esperar al siglo XVIII, concretamente a 1762, para encontrar en el Archivo del Reino algunas alusiones tangenciales al Canyamelar Hablando de él, precisan que estaba “inmediato al Grao”, o en 1769 se pretende construir un horno en el “territorio de los cañamelares”.

Quizá la alusión más curiosa al Canyamelar sea la expresada en una escritura notarial de 1796 (tres meses después del incendio de las barracas del Cabanyal) según la cual Juan Bautista Alabau le deja a su sobrina Rosa Marrufench una dote de 124 libras. Lo que sorprende del caso es que al hablar del domicilio de Alabau se dice que era vecino del Canyamelar hallado en esta ciudad de Valencia, sin especificar más. Esta expresión de Canyamelar hallado quizá pueda considerarse como si en una determinada parcela de la partida hubieran brotado espontáneamente (o porque a alguien se le hubiera ocurrido plantarlas en plan de prueba), algunas cañas de azúcar.

Del siglo XVIII pasamos al XIX, durante el que Valencia ha atravesado serias dificultades con la seda, el naranjo, el cáñamo y el arroz. A finales de la década de 1870 se busca la solución en la caña de azúcar…. Según aduce Antonio López Gómez, citando la Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, hacia 1874 se extendió con rapidez extraordinaria desde la Plana a Denia y con finalidad industrial, ya que se levantaron diversas fábricas y “ocupaba notable extensión entre Silla y Valencia”. Y a continuación el respetado profesor López Gómez vuelve a repetir la afirmación tradicional, para la que, lamentablemente, ni él ni nosotros hayamos podido encontrar confirmación documental: “seguramente al Este de la capital, puesto que en su Distrito Marítimo aún se mantiene el topónimo del “Canyamelar”.

De todos modos, la caña se encuentra en la región en su límite térmico. El frío invierno de 1877-78  y el siguiente ya representaron una adversidad notable. El cultivo en la región valenciana cesó con la misma rapidez que había surgido y las fábricas se cerraron.

El tema vuelve a salir a luz a principios del siglo XX de la mano de José Durán, un autor especializado en temas locales, que describe hechos contemplados por él mismo

Dice que hasta principios de siglo actual fue delicia de los chicos el chupar la caña de miel o caña de azúcar, conocida en Valencia con el nombre de “canyamel”, cuyo cultivo en las inmediaciones de la actual playa de la Malvarrosa, dio origen a la partida o poblado del Cañamelar, situado entre el Cabañal y el “Cap de Fransa”.

Solían venderla, dice, contados cacahueros de los que tenían puesto fijo; pero donde estaba vinculada su venta propia era en los solares de San Francisco, en el ángulo que formaba la calle del Sagrario de San Francisco con la calzada que unía la calle de la Sangre con la de las Barcas.

Aclarando más el tema, nos ofrece unos singulares datos de toponimia urbana: “campos productores de esta caña eran los que existían en la ahora Avenida de Ramón y Cajal, punto denominado “El Socós”, al final de la calle de Juan de Mena; en el huerto de Carmelitas Descalzas del Corpus Christi, en la calle de Guillem de Castro, esquina a la del Doctor Sanchis Bergón, y el que había en “El Llironer”, al que se iba por una senda que en la actualidad es la calle del Literato Gabriel Miró.

Parece ser que las conclusiones de este artículo no son demasiado nítidas. Atrevámonos a enunciarlas: 1) Probablemente, el nombre del Canyamelar tenga algo más que ver con la caña de azúcar que con el cultivo del cáñamo; 2) De ser así no puede afirmarse que tenga nada que ver con la actividad agrícola de los árabes, contradiciendo así al cronista Boix; 3) el nombre del Canyamelar parece nacer en el siglo XVIII, época en la que se dan indicios de urbanización, con la construcción de horno, ermita o algún puente en esta zona poblada por barracas dispersas.

Mi intención ha sido contribuir al esclarecimiento de las raíces del nombre del Canyamelar. Pero advirtiendo que todavía falta claridad, mi otra intención es invitar a los estudiosos a que colaboren en esta investigación y ayuden a fijar nuestro mapa toponímico.

Bibliografía:

José Pérez Vidal, José, La cultura de la caña de azúcar en el Levante español, CSIC, Inst. Miguel de Cervantes, Madrid, 1973.
Antonio López Gómez, “La caña de azúcar y las variaciones del clima valenciano”, en I Congreso de Historia del País Valenciano, vol. II, pp. 21-30
Francisco Almela y Vives, Ausias March y la producción azucarera valenciana, Valencia, 1959.
Jesús-Ernesto Martínez Ferrando, Jaime II de Aragón. Su vida familiar, Barcelona, 1948, II, doc. 33.
Roque Chabás, El Archivo, facsímil del tomo I editado en 1985 por el Ayuntamiento de Denia y el Instituto de Estudios Juan Gil Albert, pp. 43-44, 53-54, 59-61:
Carme Barceló, A. Labarta, “Azúcar, <<trapig>> y dos textos árabes valencianos”, en Sharq al-Andalus I, (1984), 55-70.
Münzer, en su Itinerarium Hispanicum (1494-1495), ed. de Ludwig Pfandl, en “Revue Hispanique”, XLVIII (1920), p. 25.
Martín de Viciana, Segunda parte de la Crónica de Valencia, ed. Valencia, 1881, pp. 25-26.
Roser Salicrú i Lluch, El tràfic de mercaderies a Barcelona segons els comptes de la lleuda de Mediona (febrer de 1434), I, CSIC (Milà i Fontanals), Barcelona, 1995, p. 189, nota 54. Cita ACA, Cancelleria, registre 2412, foli 120v, 2 septiembre1415 y Jacqueline Guiral, ˝Le sucre a Valence aux XVe. et XVIe. Siècles˝, dins Manger et boire au Moyen Âge. Actes du Colloque de Nice (15-17 octobre 1982), Niça, Publications de la Faculté des Lettres el Sciencies Humaines, 1984, vol. I, 119-129 y 361-373.
Bibliografía aducida por Antonio López Gómez: Navarro Soler, D., Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, 1877, II, nº 4, pp. 497-499; III, nº 1, pp. 90-91; 1878, VI, nº 1, pp. 628-30; IX, nº 4, pp. 477-78 y 529-34.
José Durán, “Vendedores de ‘canyamèl’”, en Anales del Centro de cultura valenciana, 1945, pp. 151-52:
ARV, Bailia E, expediente 701

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Otro documento, que me fotocopio de la Universidad el 31 de mayo de 2005:

Título: Copia de la sentencia arbitral aprobada por el Sr, Rey Don Juan de Navarra el 8 de noviembre del año 1437, pronunciada por Juan Mercader, Bayle general del Reino de Valencia, y Juan Gastó, Dr. en Decretos, Canónigo de la Seo de esta misma ciudad; sobre pago de diezmos y Primicias de las cañas dulces y Azúcar que se cogiere.
Ut intus (¿alusión al texto que sigue a continuación?) (Cita del libro sobre Manuscritos de Gutiérrez del Caño, antes nº 2156 y hora 145/57:

Nos Johannes Dei Gratia Rex Navarra, viso publico… instrumento acto Valentie 26 die Augusti … 1437… continente tenorem qui sequitur:

Noverint universi quod nos, Joannes Mercaderii, Legum doctor… Baiulus, et Joannes Gastonis, in Decretis doctor.. viso compromisso  per manus Jacobi de Monteforti nottarii publici sub die 7º mensis Aprilis Anni 1434… en presencia de Dios y ante Francisco Daranda, consiliario de los Reyes, y el cartujo Donato, de Portacoeli… procedimus ad nostram sententiam.

(Voy a transcribir al pie de la letra casi toda la página 4: Attendentes enim quod divino precepto ac Lege Domini utriusque Testamenti, pagina confirmata, nec no jure positivo indubitatum vallata decime el primicia de cunctis omnino proventibus et terre fructibus el Laboribus sunt persolvende, retinuit eas (quidem) Deus quoniam Dominus est terra, et Universorum qui in ea habitant et qui nutrimentum dat fructibus  in signum universalis dominii tanquam patrimonium speciale et in tantum sunt debite ut nullus a solutione earum excusari valeat nec eas sine detrimento anima retinere primo ad solutionem earum potest unusquisque urgeri (et) quamque in dicta sententia regia pro parte non solvencium allegata reperiantur hec verba descripta de canamellis çucarii non detur decima, etc” (¿?). Quia tamen pristis temporibus quibus fuit Latta sententia illa dicti canamelli çucarii in villis, terris, et Locis praedictis, et etiam in aliis partibus Regni Valentia nondum in talem et tantam quantitatem seu copiam devenissent quod ex illis fructus seu usus çucarii proveniret (al margen: « perveniet ») maxime ad decime consideracionem immo in tam rarissima quantitate acciderat, quod vix reperiri poterat neque reperiebantur nisi alique quo pociuss in signum  quoddam propter rem in partibis istis fere incognitam….

“Al final del manuscrito pone: Registrada dicha sentencia en el libro infolio intitulado Diversorum Valentia 3º del Señor Rey Don Juan de Navarra custodido en el Archivo del Palacio del Real extra muros.
Y sigue: El cabildo eclesiástico tiene en su archivo en el armario titulado archivese (¿?) en el Lío señalado con la letra A baxo el núm. 15 un pergamino de dos palmos  i tres quartos de largo; 2 palmos i un quarto de ancho que contiene la aprobación o confirmación al parecer original expedida y firmada por el Sr Dn Juan Rei de Navarra, Lugarteniente General del Sr D Alfonso su hermano en Valencia en () de noviembre 1437 con un sello pendiente de un galoncito de seda colorada i amarilla del referido laudo o sentencia i se ha puesto copia en el proceso de (pregon de 1801 o 1800 ?) del Cabildo contra Joaquín Climent, Josef Fos, i demás cosecheros de caña dulce del distrito de Sueca  sobre pago del diezmo, f 14(¿?) a 158.

En la letra A, folio 16 hay otra sentencia de Alfonso III
En dicho pergamino después de las firmas de los consejeros puestas arriba se halla el siguiente:

Signum mei Bartholomei de Reus dictorum Dominorum Regum secretarii eorumque auctoritate notarii publici  per universas eorum dominationes  et terras que predicta scribi feci et clausi: constar autem de (¿rais?) et correctias  in linea 31 ubi legitur de volentat en 42 aut in 53 volun et in 64 dicto originari=In Diversorum locum tenentis 6º=Dominus Rex locum tenens mandavit mihi Bartholomeo de Reus et vidit eam Clemens de Vilanova Legum doctor consiliarius

Historia del Grau abril 25, 2007

Posted by borjacoqui in Biografía.
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El libro trata esa historia desde la época en que el mar llegaba al menos hasta la plaza de Honduras, su relación con el puerto fluvial contrapuesto al marítimo, las características de las rápitas nombradas en el Repartiment, la fundación por Jaime I, la residencia de los pescadores en el Barrio de Pescadores de la ciudad, el papel de las Atarazanas afianzando nuestro poderío naval, las intervenciones de los distintos reyes en su desarrollo, las dificultades para construir un puerto en condiciones, el miedo a los turcos y su defensa contra ellos, la influencia de la iglesia de Santa María del Mar, su papel en la guerra de Sucesión, los inicios del comercio marítimo, la fecunda independencia de que gozó durante el siglo XIX hasta su definitiva anexión a la ciudad, sus hechos más destacados, sus hombres…

Biografía de Antonio Sanchis Pallarés abril 25, 2007

Posted by borjacoqui in Biografía.
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Nació junto a las Torres de Serranos en 1943. En su vida ha combinado el trabajo con el estudio, no perdiendo nunca el contacto directo con la vida y la gente de los barrios populares. A los 30 años recala en la Malva-Rosa, donde por los años 70 colabora en la fundación de la Asociación de Vecinos, de la que es su primer Presidente y desde donde vive la aleccionadora etapa de la transición.

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Desde 1983, intentando responder tanto a sus propias preguntas como a las de sus convencinos, intenta profundizar en los temas históricos del entorno. En el I Congrés D´Historia de la Ciutat de Valéncia presenta una ponencia sobre la historia del Cabanyal. En 1994, y editado por el Ayuntamiento de Valencia, publica “Historia de la Malvarrosa (nacida del agua)”. En Marzo de 1997 ve la luz “Historia del Cabanyal. Poble Nou de la mar (1238-1897)”. Fiel a su interés por recuperar la memoria colectiva de las gentes del maritimo, publicó en 1998 “Historia del Cabanyal”. Siglo XX y el incierto futuro”. En 2005 fue editada la luminosa “Historia del Grau”.