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El nombre de Canyamelar noviembre 5, 2008

Posted by borjacoqui in Biografía.
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El Canyamelar, la parcela del antiguo Poble Nou de la Mar más cercana al Grau, entre el Riuet y la acequia de Gas (o d’En Gasch) no tiene un nombre de origen demasiado claro. En realidad, la pregunta de por qué esa fracción de territorio recibe ese nombre todavía no tiene respuesta.

La respuesta más tradicional afirma que el nombre proviene de la caña de azúcar o canyamel, siguiendo la explicación que daba el cronista Vicente Boix en su Valencia histórica y topográfica de 1862 y que se ha venido repitiendo mecánicamente hasta nuestros días: “Los almorávides abrieron numerosas almunias derramando por todas partes muchos cármenes (en Granada, “quinta” con huerto o jardín) y chozas, dedicándose en especial al cultivo de la caña de azúcar cerca del mar, y en el terreno que conserva en lemosín el recuerdo de este grato producto: Cañamelar”.

Ahora bien, creo que a esta afirmación le falta solidez. De todos modos voy a partir de ella con espíritu crítico, intentando descubrir qué hay en ella de cierto, de falso o de dudoso.

La primera duda o el primer desconcierto proviene de que, hasta nuestros días, en esta zona costera no se ha encontrado ningún resto de esa plantación: ni referencias documentales, ni asentamiento humano, ni restos vegetales significativos, ni medios para su elaboración, almacenamiento o distribución, siendo así que el cultivo del azúcar requería una infraestructura considerable: molinos, alfarería, mucha mano de obra, etc. ¿Cómo pudo estar considerada por los árabes como un canyamelar y pasar quinientos años sin reconocerlo con tal nombre? Porque no he visto constatado el nombre del Canyamelar en nuestra toponimia hasta 1759.

Este desconcierto me llevó en 1997 a elaborar la hipótesis de un origen distinto para ese nombre, porque si no había canyamel sí que había cáñamo. Por tanto, el nombre podía derivar del cáñamo más que de la caña de azúcar. Es lo que expuse en mi libro sobre la Historia del Cabanyal, Poble Nou de la Mar. Efectivamente, hasta hace muy poco había por la zona balsas de curar cáñamo, que se empleaba tanto para fabricar alpargatas como sogas para amarrar los barcos. De todos modos, hay que reconocer que esta hipótesis también presenta algunas fisuras y por eso en este artículo vuelvo a insistir y profundizar en la hipótesis del azúcar.

Hay que admitir la genérica afirmación de Boix según la cual la introducción del azúcar en España se debe a los árabes, puesto que antes de ellos no había ningún rastro de su cultivo. Cuando Estrabón, por ejemplo, habla de los productos con los que España comerciaba con Roma, no nombra el azúcar ni el arroz. Pero iremos viendo que eso no significa que se cultivara en nuestro Canyamelar, como iremos viendo.

No es de extrañar que antes de los árabes el azúcar no se cultivara en España y concretamente en Valencia, pues exigía unas condiciones climatológicas muy propicias, según ha estudiado Antonio López Gómez. Se requieren unos regímenes de lluvias que no se dan en Valencia, una temperatura media de 20 grados y una ausencia de heladas. Por nuestros alrededores la zona que más se acerca a ese ideal es La Safor. Pérez Vidal afirma que Gandía es propicia al cultivo de la caña de azúcar al estar resguardada por un arco montañoso que crea una especie de hoya térmica abierta sólo al mar, que es el regularizador principal del estado atmosférico. Incluso parece que el nombre de la Safor se refiere al nombre árabe.- Azafor, ‘las rocas’- que tuvo bajo los musulmanes.

Es más: parece ser que se introdujo entre los siglos IX-XI, de ocupación árabe, siglos en los que precisamente se produjo un “pequeño óptimo climático”. Situación climática que casi volvió a reproducirse desde 1300 hasta 1550.

Sobre la base de una mínima población previa se consolida un asentamiento nacido con una clara intención de controlar el territorio. Población previa que ya contaría con algún tipo de edificación estable. El Llibre del Repartiment nos da la pista precisa. En él se menciona quince veces la Vilanova del Grau haciendo alusión a concesión de tierras. Y concretamente el 25 de abril de 1239 el rey otorgó a un tal Amet Alcuileri, musulmán, “domos quas habebat in Vilanova”. Es decir, que el rey otorga a un musulmán una casa de obra sólida construida antes de la repoblación cristiana.

Diez años más tarde contamos con un documento que, aunque no sea estrictamente el acta fundacional del Grau, sí que señala su consolidación como núcleo poblacional preexistente, al que Jaime I quiere regularizar y controlar. Nos referimos al 27 de mayo de 1249, año del Privilegio real por el que Jaime I se dirige a los que ya tenían alguna clase de terrenos en el Grau, concediéndoles algunas ventajas para edificar casas de obra sólida. Se trata de que entre 1238 y 1249 Jaime I había empezado a edificar un muro en la Vila Nova, aprovechando tierra y piedras de un solar cercano, utilizándolo como una cantera. Pues bien, el rey concede a los que deseen edificar (por poseer ya solares) barracas, es decir, chamizos provisionales, o determinados lugares donde puedan hacerlo, que para ello aprovechen los materiales de ese solar/cantera del que él mismo se está valiendo para edificar el muro.

Estas consideraciones, que tienen su apoyo en consideraciones geográficas, encuentran su primera base documental en 1286, cuando Jaime I dispone que las cañas de azúcar (cannamellis zuccariis) no paguen diezmo. Este privilegio significa dos cosas: la intención de favorecer el desarrollo del cultivo y que la cañamiel no daba lugar a una producción considerable, sino que sólo se venía plantando en huertos y jardines para chupar el zumo, actividad más propia de niños o de otros caprichosos. Si el cultivo hubiera tenido importancia, ningún monarca hubiera prescindido de cobrar impuestos por él. Pero este cultivo siguió siendo insignificante y hasta se extinguió en algún momento por heladas y otras causas. Al menos así lo mueve a pensar el hecho de que Jaime II encargue el 21 de diciembre de 1305 a Bartolomé Tallavia que le envíe de Sicilia simiente de caña de azúcar y un esclavo sarraceno maestro en esta planta. Pero sigue sin hablarse de aprovechamiento industrial porque la demanda no era muy grande y se satisfacía con las partidas que llegaban de Egipto y del mediterráneo oriental.

1383: Pero esa vía de suministro se corta cuando a mitad del XIV los turcos obstaculizan el comercio con Oriente, precisamente en un momento en el que la demanda de azúcar, cada vez más empleada en confitería y alimentación, aumenta de año en año. Por eso se apuran las posibilidades de obtener más azúcar en Occidente y en la huerta levantina no debió de costar mucho decidirse a ampliar los pequeños plantíos. Francisco Eximenis en 1383 ya atestigua alguna producción valenciana de azúcar y de otras drogas orientales.

1407: Pero es en 1407 cuando se retoma en serio el cultivo, cuando el consejo de la ciudad, para ennoblecer la ciudad, llamó al mestre sucrer Nicolás Santafé para que implantase la fabricación de azúcar, ya que la huerta era muy apta para el cultivo de la caña. En el documento del Manual de Consells descubierto por Roque Chabás es establece un contrato entre la ciudad y el mestre sucrer por el que, a cambio de una subvención no especificada, éste se comprometía a fijar su domicilio en la ciudad por algunos años y a conseguir el mejor azúcar del mundo.

Efectivamente, Nicolau cumplió su cometido, en el que más tarde le sucedería su hijo. Pero la huerta de Valencia de la que se habla en toda la documentación en ningún momento es la comarca de l’Horta, sino la Safor, con centro en Gandía. Del éxito de este cultivo nos podemos hacer una idea por una reclamación del Cabildo de la Catedral reclamando, ahora sí, el diezmo de la caña de azúcar. Señal indudable de la importancia que había adquirido su cultivo y explotación.

En el proceso de reclamación de este diezmo se aducen algunos datos históricos, que corroboran lo ya dicho: “hasta hace cuarenta ó cincuenta años solo se conocía la caña de azúcar en poca cantidad, pues lo mismo los cristianos que los moros la sembraban ó plantaban en sus huertos y jardines cerrados en pequeña cantidad para chupar los niños y otros que quisieran probarlos: pro pueris el aliis gustare volentibus. Pero desde hace uno, dos, tres, cinco, diez, quince y veinte años los labradores plantan en sus heredades caña de azúcar en grande cantidad y justamente en aquellas tierras, en que antes solían cosechar trigo y otros cereales, ahora por la gracia de Dios se da bien la dicha caña”.

La serie de pruebas testimoniales que se adjuntan al proceso vuelven a llevarnos lejos de l’Horta: se cultivaba en Cullera, en Oliva, en Xeresa y en Gandía, donde la cosecha era la más grande. El mismo Viciana habla del cultivo entre Gandía y Oliva, insistiendo, como tantos otros, en que el mejor sitio de cultivo es la Conca de la Safor. En diversas obras se hace un inventario y descripción de los aparejos necesarios para el cultivo. En Gandía se habla de 550 hombres, 220 acémilas, 40.000 quintales de leña, etc. Las tareas eran varias: descodar (deshilvanar), transportar, cortar, llevar a las piedras a trullar (embadurnar), prensar, poner en moldes, transportar a las cámaras de conservación, aprovechar las melazas (residuo de la cristalización del azúcar), etc.

De todos modos, en 1415 hay una cita del Archivo de la Corona de Aragón descubierta por Salicrú que todavía no está suficientemente comentada y en la que dice, simplemente, que el Bayle de Valencia  en nombre del rey había formado una compañía con Francesc Siurana y otros mercaderes con los que “havien comprat una alqueria i algunes possessions a l’horta de València i a la de Castelló per fer-les-hi plantar i conrear-les”. No podemos afirmar con la lectura de ese texto que se refiriera al poblado marítimo, pero tampoco podemos descartarlo. De todos modos, con esta producción, Valencia ya era, junto con Sicilia, la proveedora habitual de azúcar a Barcelona.

(Aquí podría insertarse el documento de Gutiérrez del Caño que extracto al final)

Esta organización proporciona resultados satisfactorios al menos hasta finales del siglo XVI. El famoso viajero Münzer visita Valencia en 1494 y se admira de ver cómo se cría en sus campos copiosísima caña de azúcar. El patrón de la fábrica de azúcar que visitó, “hombre honrado y digno de crédito”, le dijo que en las regiones de Valencia donde nacía la caña se producían anualmente seis mil cargas, esto es, diez mil centenarios nuremberguenses.

Y en 1510 es el francés Lalaing quien menciona aún el cultivo en un radio de cinco leguas alrededor de Valencia (de nuevo una velada alusión a la comarca de l’Horta) aunque el producto se refinaba en Gandía.

Pero ni siquiera llegados a este punto se nombra surge por ningún lado el nombre del Canyamelar aplicado a esta zona del Cabanyal. Tendremos que esperar al siglo XVIII, concretamente a 1762, para encontrar en el Archivo del Reino algunas alusiones tangenciales al Canyamelar Hablando de él, precisan que estaba “inmediato al Grao”, o en 1769 se pretende construir un horno en el “territorio de los cañamelares”.

Quizá la alusión más curiosa al Canyamelar sea la expresada en una escritura notarial de 1796 (tres meses después del incendio de las barracas del Cabanyal) según la cual Juan Bautista Alabau le deja a su sobrina Rosa Marrufench una dote de 124 libras. Lo que sorprende del caso es que al hablar del domicilio de Alabau se dice que era vecino del Canyamelar hallado en esta ciudad de Valencia, sin especificar más. Esta expresión de Canyamelar hallado quizá pueda considerarse como si en una determinada parcela de la partida hubieran brotado espontáneamente (o porque a alguien se le hubiera ocurrido plantarlas en plan de prueba), algunas cañas de azúcar.

Del siglo XVIII pasamos al XIX, durante el que Valencia ha atravesado serias dificultades con la seda, el naranjo, el cáñamo y el arroz. A finales de la década de 1870 se busca la solución en la caña de azúcar…. Según aduce Antonio López Gómez, citando la Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, hacia 1874 se extendió con rapidez extraordinaria desde la Plana a Denia y con finalidad industrial, ya que se levantaron diversas fábricas y “ocupaba notable extensión entre Silla y Valencia”. Y a continuación el respetado profesor López Gómez vuelve a repetir la afirmación tradicional, para la que, lamentablemente, ni él ni nosotros hayamos podido encontrar confirmación documental: “seguramente al Este de la capital, puesto que en su Distrito Marítimo aún se mantiene el topónimo del “Canyamelar”.

De todos modos, la caña se encuentra en la región en su límite térmico. El frío invierno de 1877-78  y el siguiente ya representaron una adversidad notable. El cultivo en la región valenciana cesó con la misma rapidez que había surgido y las fábricas se cerraron.

El tema vuelve a salir a luz a principios del siglo XX de la mano de José Durán, un autor especializado en temas locales, que describe hechos contemplados por él mismo

Dice que hasta principios de siglo actual fue delicia de los chicos el chupar la caña de miel o caña de azúcar, conocida en Valencia con el nombre de “canyamel”, cuyo cultivo en las inmediaciones de la actual playa de la Malvarrosa, dio origen a la partida o poblado del Cañamelar, situado entre el Cabañal y el “Cap de Fransa”.

Solían venderla, dice, contados cacahueros de los que tenían puesto fijo; pero donde estaba vinculada su venta propia era en los solares de San Francisco, en el ángulo que formaba la calle del Sagrario de San Francisco con la calzada que unía la calle de la Sangre con la de las Barcas.

Aclarando más el tema, nos ofrece unos singulares datos de toponimia urbana: “campos productores de esta caña eran los que existían en la ahora Avenida de Ramón y Cajal, punto denominado “El Socós”, al final de la calle de Juan de Mena; en el huerto de Carmelitas Descalzas del Corpus Christi, en la calle de Guillem de Castro, esquina a la del Doctor Sanchis Bergón, y el que había en “El Llironer”, al que se iba por una senda que en la actualidad es la calle del Literato Gabriel Miró.

Parece ser que las conclusiones de este artículo no son demasiado nítidas. Atrevámonos a enunciarlas: 1) Probablemente, el nombre del Canyamelar tenga algo más que ver con la caña de azúcar que con el cultivo del cáñamo; 2) De ser así no puede afirmarse que tenga nada que ver con la actividad agrícola de los árabes, contradiciendo así al cronista Boix; 3) el nombre del Canyamelar parece nacer en el siglo XVIII, época en la que se dan indicios de urbanización, con la construcción de horno, ermita o algún puente en esta zona poblada por barracas dispersas.

Mi intención ha sido contribuir al esclarecimiento de las raíces del nombre del Canyamelar. Pero advirtiendo que todavía falta claridad, mi otra intención es invitar a los estudiosos a que colaboren en esta investigación y ayuden a fijar nuestro mapa toponímico.

Bibliografía:

José Pérez Vidal, José, La cultura de la caña de azúcar en el Levante español, CSIC, Inst. Miguel de Cervantes, Madrid, 1973.
Antonio López Gómez, “La caña de azúcar y las variaciones del clima valenciano”, en I Congreso de Historia del País Valenciano, vol. II, pp. 21-30
Francisco Almela y Vives, Ausias March y la producción azucarera valenciana, Valencia, 1959.
Jesús-Ernesto Martínez Ferrando, Jaime II de Aragón. Su vida familiar, Barcelona, 1948, II, doc. 33.
Roque Chabás, El Archivo, facsímil del tomo I editado en 1985 por el Ayuntamiento de Denia y el Instituto de Estudios Juan Gil Albert, pp. 43-44, 53-54, 59-61:
Carme Barceló, A. Labarta, “Azúcar, <<trapig>> y dos textos árabes valencianos”, en Sharq al-Andalus I, (1984), 55-70.
Münzer, en su Itinerarium Hispanicum (1494-1495), ed. de Ludwig Pfandl, en “Revue Hispanique”, XLVIII (1920), p. 25.
Martín de Viciana, Segunda parte de la Crónica de Valencia, ed. Valencia, 1881, pp. 25-26.
Roser Salicrú i Lluch, El tràfic de mercaderies a Barcelona segons els comptes de la lleuda de Mediona (febrer de 1434), I, CSIC (Milà i Fontanals), Barcelona, 1995, p. 189, nota 54. Cita ACA, Cancelleria, registre 2412, foli 120v, 2 septiembre1415 y Jacqueline Guiral, ˝Le sucre a Valence aux XVe. et XVIe. Siècles˝, dins Manger et boire au Moyen Âge. Actes du Colloque de Nice (15-17 octobre 1982), Niça, Publications de la Faculté des Lettres el Sciencies Humaines, 1984, vol. I, 119-129 y 361-373.
Bibliografía aducida por Antonio López Gómez: Navarro Soler, D., Gaceta Agrícola del Ministerio de Fomento, 1877, II, nº 4, pp. 497-499; III, nº 1, pp. 90-91; 1878, VI, nº 1, pp. 628-30; IX, nº 4, pp. 477-78 y 529-34.
José Durán, “Vendedores de ‘canyamèl’”, en Anales del Centro de cultura valenciana, 1945, pp. 151-52:
ARV, Bailia E, expediente 701

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Otro documento, que me fotocopio de la Universidad el 31 de mayo de 2005:

Título: Copia de la sentencia arbitral aprobada por el Sr, Rey Don Juan de Navarra el 8 de noviembre del año 1437, pronunciada por Juan Mercader, Bayle general del Reino de Valencia, y Juan Gastó, Dr. en Decretos, Canónigo de la Seo de esta misma ciudad; sobre pago de diezmos y Primicias de las cañas dulces y Azúcar que se cogiere.
Ut intus (¿alusión al texto que sigue a continuación?) (Cita del libro sobre Manuscritos de Gutiérrez del Caño, antes nº 2156 y hora 145/57:

Nos Johannes Dei Gratia Rex Navarra, viso publico… instrumento acto Valentie 26 die Augusti … 1437… continente tenorem qui sequitur:

Noverint universi quod nos, Joannes Mercaderii, Legum doctor… Baiulus, et Joannes Gastonis, in Decretis doctor.. viso compromisso  per manus Jacobi de Monteforti nottarii publici sub die 7º mensis Aprilis Anni 1434… en presencia de Dios y ante Francisco Daranda, consiliario de los Reyes, y el cartujo Donato, de Portacoeli… procedimus ad nostram sententiam.

(Voy a transcribir al pie de la letra casi toda la página 4: Attendentes enim quod divino precepto ac Lege Domini utriusque Testamenti, pagina confirmata, nec no jure positivo indubitatum vallata decime el primicia de cunctis omnino proventibus et terre fructibus el Laboribus sunt persolvende, retinuit eas (quidem) Deus quoniam Dominus est terra, et Universorum qui in ea habitant et qui nutrimentum dat fructibus  in signum universalis dominii tanquam patrimonium speciale et in tantum sunt debite ut nullus a solutione earum excusari valeat nec eas sine detrimento anima retinere primo ad solutionem earum potest unusquisque urgeri (et) quamque in dicta sententia regia pro parte non solvencium allegata reperiantur hec verba descripta de canamellis çucarii non detur decima, etc” (¿?). Quia tamen pristis temporibus quibus fuit Latta sententia illa dicti canamelli çucarii in villis, terris, et Locis praedictis, et etiam in aliis partibus Regni Valentia nondum in talem et tantam quantitatem seu copiam devenissent quod ex illis fructus seu usus çucarii proveniret (al margen: « perveniet ») maxime ad decime consideracionem immo in tam rarissima quantitate acciderat, quod vix reperiri poterat neque reperiebantur nisi alique quo pociuss in signum  quoddam propter rem in partibis istis fere incognitam….

“Al final del manuscrito pone: Registrada dicha sentencia en el libro infolio intitulado Diversorum Valentia 3º del Señor Rey Don Juan de Navarra custodido en el Archivo del Palacio del Real extra muros.
Y sigue: El cabildo eclesiástico tiene en su archivo en el armario titulado archivese (¿?) en el Lío señalado con la letra A baxo el núm. 15 un pergamino de dos palmos  i tres quartos de largo; 2 palmos i un quarto de ancho que contiene la aprobación o confirmación al parecer original expedida y firmada por el Sr Dn Juan Rei de Navarra, Lugarteniente General del Sr D Alfonso su hermano en Valencia en () de noviembre 1437 con un sello pendiente de un galoncito de seda colorada i amarilla del referido laudo o sentencia i se ha puesto copia en el proceso de (pregon de 1801 o 1800 ?) del Cabildo contra Joaquín Climent, Josef Fos, i demás cosecheros de caña dulce del distrito de Sueca  sobre pago del diezmo, f 14(¿?) a 158.

En la letra A, folio 16 hay otra sentencia de Alfonso III
En dicho pergamino después de las firmas de los consejeros puestas arriba se halla el siguiente:

Signum mei Bartholomei de Reus dictorum Dominorum Regum secretarii eorumque auctoritate notarii publici  per universas eorum dominationes  et terras que predicta scribi feci et clausi: constar autem de (¿rais?) et correctias  in linea 31 ubi legitur de volentat en 42 aut in 53 volun et in 64 dicto originari=In Diversorum locum tenentis 6º=Dominus Rex locum tenens mandavit mihi Bartholomeo de Reus et vidit eam Clemens de Vilanova Legum doctor consiliarius

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Un Cabanyal Vitalista. Podría ser un futuro prometedor noviembre 5, 2008

Posted by borjacoqui in Artículos.
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El Cabanyal es mucho más que un barrio. Podríamos considerarlo más bien como un pueblo. Y desde luego un pueblo precioso. Pocos barrios o pueblos tendrán una vitalidad tan fuerte y colorista, tanta unidad arquitectónica y tan adecuada a sus costumbres, tanta simbiosis con su entorno, una vida asociativa más desarrollada (tanto de fallas como de movimientos vecinales, musicales, culturales, de ocio, de arte…), con más elementos considerados por el Ministerio de Cultura como B.I.C (Bien de Interés Cultural) y, sobre todo, una población más consciente de pertenecer a un pueblo de características singulares y más orgullosa de su historia, que se precian de conocer muy bien, y que no cesan de estimularse en su progresivo conocimiento.

Uno sigue sin explicarse a santo de qué se le ha ocurrido a algún urbanista partirlo por el medio. La macro idea de conectar Valencia con el mar ya está desfasada. Y también se debilita a pasos agigantados la idea de que Valencia le da la espalda al mar. Basta mirar la aglomeración tan tremenda que se da en el Paseo Marítimo, incluso en el invierno. Basta mirar el constante crecimiento del puerto, incluso desmesurado. No. Valencia no le da la espalda al mar. Más bien habría que decir que le da la espalda a los pueblos del mar, que le da la espalda a Nazaret y al Cabanyal, poblados sin los que Valencia no hubiera sobrevivido a lo largo de su historia.

Sin hablar de la deuda que Valencia tiene con el Cabanyal, bastaría con que Valencia fuera justa con él.

Hay una idea demagógica que se ha repetido mucho y que se ha alimentado en distintos medios de comunicación: el Cabanyal está degradado y sólo podrá rehabilitarse si se le practica una operación quirúrgica. Pero eso no es cierto. Las pequeñas bolsas de degradación  que tiene el Cabanyal tienen un remedio, y desde luego ese remedio no le vendrá dado por la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez.

Porque hay dos maneras de entender el urbanismo: a favor de los especuladores o a favor del pueblo; resolver los problemas o darles un rodeo. No resulta difícil concluir que la prolongación del Cabanyal no significa rehabilitación, no significa mejora, no significa ampliar servicios. Ni colegios, ni zonas de ocio, ni zonas verdes, ni eliminación de las bolsas decaídas. No. La prolongación ni habla ni piensa nada de eso. Porque la prolongación no tiene la mente puesta en resolver los problemas del Cabanyal, sino en resolver un problema ficticio, un problema de geometría, en hacer sobre el plano una línea recta más larga.

Otra cosa sería que el urbanista se sentara a la mesa con la cabeza bullendo de ideas para resolver los problemas del pueblo. ¿Cómo resolver la degradación, cómo resolver la falta de zonas verdes, cómo embellecer los edificios que se han dejado abandonados, cómo resolver problemas de ocupación ilegal de muchas viviendas, con los conflictos convivenciales que eso provoca, etc?

A partir de ahí el pueblo ya colaboraría. Con esas premisas ya sería fácil que el pueblo y las autoridades y los teóricos del urbanismo ya se pusieran de acuerdo. ¿Tanto cuesta imaginarse un Cabanyal digno, un Cabanyal rehabilitado? La cantidad de fotógrafos que después de la celebración de la campaña de un Cabanyal de puertas abiertas se han visto por el barrio fotografiando las peculiares riquezas arquitectónicas son indicio de estas ideas. Pero no eran sólo los aficionados: han sido un Nobel como Dario Fo, un maestro de urbanistas como Solá Morales que ha inspeccionado personalmente la zona y ha considerado la prolongación como una agresión a la gente y a la historia, han sido muchos arquitectos de prestigio, ha sido la Universidad de Valencia y, sobre todo, los dinámicos alumnos de Bellas Artes. No cuesta nada pensar en un Cabanyal que podría consolidarse como zona privilegiada pues tiene los suficientes mimbres para ello. No cuesta nada pensar en un Cabanyal en el que vivir resultara un privilegio, pues cuenta no sólo con sus gentes sino con una trama sostenible, una trama a la medida de las personas, con espacios para la convivencia, con calles peatonales, con una trama urbanística que muchos urbanistas modernos desearían implantar frente a un colosalismo improductivo y desfasado. Vivir en un Cabanyal rehabilitado, de acuerdo con las necesidades y el sentir de la gente, podría ser una delicia. No cuesta nada imaginarse un Cabanyal rehabilitado, con unas construcciones que guarden cierta uniformidad y fidelidad a su pasado. No cuesta mucho imaginarse un Cabanyal convertido, por obra y gracia de una inteligente y poco costosa rehabilitación, en una zona residencial. El reto que lanzo es el siguiente: que se abra un concurso de ideas sobre un Cabanyal nuevo, bonito y fiel a su pasado. Si un concurso de este estilo se tomara en serio, el resultado podría generar mucha ilusión y ofrecer buenas perspectivas tanto a los vecinos del Cabanyal como a la propia ciudad.

Desde la época de la transición ya los diversos gobiernos han apoyado la idea conservacionista –no conservadora- sobre el Cabanyal. No ha sido idea caprichosa de los “iletrados” vecinos del Cabanyal, sino de los gobiernos de la UCD y del PSOE, que declararon ilegal cualquier intervención urbanística en el Cabanyal que desfigurara la unidad de su trama original. Eso es lo que el equipo de gobierno municipal se ha saltado a la torera. Y no sirve la excusa de que todavía no han concluído la agresión. Porque desde luego ya se han gastado muchos de nuestros millones poniendo las bases para perpetrarla,. Y aunque se han salvado de la quema judicial está claro el veredicto del juicio popular.

Es ahora un buen momento para que las fuerzas políticas partidarias de prolongar el paseo al mar lanzando las excavadoras por medio del poblado demuestren cierta sensibilidad política y sean capaces de rectificar. Es el momento de deshacer una penosa impresión: la gente del Cabanyal piensa que el Ayuntamiento le chantajea. Los términos del chantaje serían éstos: si no queréis prolongación, tampoco tendréis rehabilitación. Ante esta desalentadora perspectiva no es de extrañar que mucha gente “se conforme” con la prolongación, con la resignación de los vencidos. ¿No sería capaz el Ayuntamiento de deshacer este nudo gordiano? ¿No sería capaz el Ayuntamiento de mostrar cierta grandeza de miras? ¿No sería capaz el Ayuntamiento de rectificar, como los sabios, y en lugar de una propuesta traumática como la prevista elabore un proyecto que parta de las necesidades del pueblo en lugar de partirlo por el medio? No sirve la propuesta de Miguel Dominguez ni del presunto cabanyalero Francisco Lledó, que siguen inventándose propuestas fantasmas, propias de un estudiante de arquitectura a quien hayan dejado castigado en el pasillo durante las clases de urbanismo. No sirve ampliar la zona protegida si el núcleo fundamental no se respeta y se deshace el bloque unitario del Cabanyal.